Barcelona tiene muchos secretos que revelarme todavía.
Ni san crispino ni san crispono. Obviando el fabuloso entorno del que goza la heladería del centro de Roma, que nos ofrece la posibilidad de dist¡frutar de unos de los mejores helados del mundo deleitándonos con la inigualable "fontana de Trevi", y centrándome puramente en la calidad de los productos: he encontrado la heladería definitiva.
Confieso que seguiré prefiriendo los helados en La Golosa en buena compañía y mi corazón siempre espera el mágico momento de mi helado frente a la fontana, pero mis papilas gustativas heladeras lo que me piden es ir a Barcelona.
El maestro heladero que obra esas proezas heladas ha conseguido captar como pocos los aromas y las sutilezas de un sabor tan complejo como la canela. Métete una rama de canela en la boca e, inmediatamente después, piensa si quieres meterte otra. El dulzor, la intensidad de sabor, la textura... cada cucharada de los sabores que he tenido el privilegio de degustar es una explosión de sensaciones en la boca.
Y no son pocos: la variedad es extensa y los sabores a cada cual más exquisito. Obviando sabores extravagantes y/o casi ridículos aveces puedes encontrar todo lo necesario para satisfacer a tu paladar con algo fresco y de extraordinario sabor.
Pero no solo de helados vive el hombre. A esta generosa variedad se suman delicados postres, exquisitos "canoli", gaufre y crêp.
Lo dicho, toda una experiencia para gustos refinados y buenos catadores de helado que espero compartir con algunos de vosotros, si no con todos, cuando pareis por estas tierras o cuando las visitemos juntos.
Barcelona me abre sus brazos, pretende retenerme y sabe cómo conquistarme: por el paladar.
Saludos del capitán.




Se iban de vacaciones y tenían un 50% en las tarrinas de helado de 1 y 1/2 kg. Huelga decir que tengo 4 kg (algo menos :P) en el congelador.
ResponderEliminarPara corroborar lo escrito arriba, tengo que reconocer, muy a mi pesar, que el sorbete de limón de esta heladería ha conseguido igualar al de La Golosa, algo que de todos los que caté en Roma no puedo decir.
ResponderEliminarAñadir también que los dueños o los que creo que eran los dueños, son dos personas fantásticas.