domingo, 23 de enero de 2011

Frío invernal

Hasta ahora el clima continental se había comportado de manera muy benévola conmigo. La suavidad de las temperaturas, mantenidas gracias al MARE NOSTRUM, me habían hecho pensar que el invierno no era para tanto. Hoy al pisar la calle me encontré, con un grado bajo cero. No estoy acostumbrado a convivir con estas temperaturas en ropa de calle y mi primer pensamiento fue el de comprar, urgentemente, unas orejeras.
Evoco con añoranza el recuerdo de ciertas islas tropicales en las que el clima y las gentes hacen sentir una calidez que surge del corazón.
Saludos del capitán.
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martes, 11 de enero de 2011

Los pequeños placeres de la vida contiúan

Barcelona tiene muchos secretos que revelarme todavía.
Ni san crispino ni san crispono. Obviando el fabuloso entorno del que goza la heladería del centro de Roma, que nos ofrece la posibilidad de dist¡frutar de unos de los mejores helados del mundo deleitándonos con la inigualable "fontana de Trevi", y centrándome puramente en la calidad de los productos: he encontrado la heladería definitiva.
Confieso que seguiré prefiriendo los helados en La Golosa en buena compañía y mi corazón siempre espera el mágico momento de mi helado frente a la fontana, pero mis papilas gustativas heladeras lo que me piden es ir a Barcelona.
El maestro heladero que obra esas proezas heladas ha conseguido captar como pocos los aromas y las sutilezas de un sabor tan complejo como la canela. Métete una rama de canela en la boca e, inmediatamente después, piensa si quieres meterte otra. El dulzor, la intensidad de sabor, la textura... cada cucharada de los sabores que he tenido el privilegio de degustar es una explosión de sensaciones en la boca.
Y no son pocos: la variedad es extensa y los sabores a cada cual más exquisito. Obviando sabores extravagantes y/o casi ridículos aveces puedes encontrar todo lo necesario para satisfacer a tu paladar con algo fresco y de extraordinario sabor.
Pero no solo de helados vive el hombre. A esta generosa variedad se suman delicados postres, exquisitos "canoli", gaufre y crêp.
Lo dicho, toda una experiencia para gustos refinados y buenos catadores de helado que espero compartir con algunos de vosotros, si no con todos, cuando pareis por estas tierras o cuando las visitemos juntos.

Barcelona me abre sus brazos, pretende retenerme y sabe cómo conquistarme: por el paladar.

Saludos del capitán.

domingo, 9 de enero de 2011

Los pequeños placeres de la vida

Ayer intenté meter esta entrada (fotos incluidas) en el blog desde la aplicación para Android Blog-Droid, pero fue un fracaso. El texto era mucho más inspirado que el que escribiré hoy, pero haré lo que pueda.

El viernes he hecho un descubrimiento fantástico. Una carnicería cerca del mercado, en el carrer de les corts, por el que nos metimos casi sin quererlo para ir a la compra.
Una carnicería de barrio, como las que había visto y probado hasta ahora, pero que tenía un chuletero que me llamó la a atención. Al final no compré chuletas y os diré por qué: al pedirle al carnicero que me mostrara aguja me dijo: tú no eres de aquí! y empezó a explicarme los nombres de los cortes en cataluña. Por lo visto a la aguja la llaman algo que traducido sería la parte de arriba y la pieza de carne siguiente es una a la que llaman bistec de pobre (apropiado, verdad).
Total que como la aguja estaba a 13 y el bistec ese a 8 dije: me voy a llevar dos bistec de esos y una aguja (por si acaso). Como podeis comprobar se me está pegando el espírutu catalán que hace a todas las señoras elegir las bananas en vez de los plátanos de canarias porque están a 10 céntimos el kilo más baratas.
Me explicó que traen la carne de Girona, que es de una ganadería muy buena y todo lo que diría un vendedor: que si el precio, que siempre cuidan la calidad....
Mientras me daba la explicación me buscaba un trozo de costillar para servirme unas tiras de asado. Como no le convención del todo lo que tenía en el mostrador (a mí el tono apagado de aquella carne y lo seco que aparentaba el centro del hueso tampoco me llamaba mucho la atención) se metió en la cámara y sacó otro costillar, del que me enamoré a primera vista, para cortarlo y mostrármelo junto a los otros para que eligiera. Humm... creo que me quedaré con la de aspecto apetitoso! pensé. Y así lo hice.
El caso es que me acabé preparando el bistec el sábado como plato principal de mi almuerzo.
ALUCINANTE!
El primer indicio, como siempre, era el aspecto de la carne. El segundo fue el rojo intenso de la escasa sangre que quedó en el papel encerado. El tercero fue el agradable sonido con que lo recibió la plancha bien caliente, solo un momento:lo justo para que se tueste un poco. Al bajar el fuego tras darle un par de vueltas y dejarla cocinar por el interior manó un poco de sabgre hacia la parte alta... grrr... poco después el corte de "comprobación" reveló un interior poco cocido, brillante justo en el centro. Estaba listo, ya no podía hacer nada más por él en la plancha.
Y el aspecto en el plato: juzgadlo vosotros mismos:



En estas tierras me faltan muchas cosas y mucha gente, pero poco a poco siento que voy descubriendo esos secretos que las ciudades ocultan a quienes se sienten visitantes efímeros y hacen de la vida algo un poco más placentero.
Saludos del capitán.